miércoles, 25 de agosto de 2010

El charco más pesado del mundo o de cómo finalizar las obras mal durante años



Concibo dos formas de hacer las cosas: bien o muy bien. El Ayuntamiento de Sevilla obvia con cierta naturalidad cualquiera de estas dos opciones. Tiene proyectos interesantes, algunos muy interesantes, pero su forma de ejecutarlos es capaz de echar por tierra incluso a las iniciativas más clamorosas. Carlos Colón ya relató una y otra vez su espanto con las losetas de la Plaza de la Virgen de los Reyes, entre otros lugares, cuya mala calidad obligó a sustituirlas en reiteradas ocasiones.
La plaza, como otras plazas de la ciudad, es un paraíso comparado con lo que conocí de niño, y lo mismo podría decirse de los estratégicos enclaves peatonalizados (la Avenida misma), donde la estrechez de aceras y el abundante tráfico te obligaba prácticamente a jugarte el tipo (yo opté por evitar algunas calles en favor de otras menos concurridas). Serán los materiales, será que en época de bonanza se mira menos el presupuesto, serán empresas de amiguetes. Será lo que sea pero no parece lógico tener que levantar lo ya contruido varias veces pudiendo abrochar un proyecto moderno con un acabado digno.


Viene esto a colación del detalle más mundano. Con las lluvias de los días pasados se recuperó uno de los charcos más absurdos y duraderos que he visto en mi vida. Unas obras de carril bici retranquean la zona de aparcamiento eliminando un carril que en realidad era de doble fila. Hasta ahí, todo ok. Ahora, la zona de aparcamiento se inunda cada vez que llueve en Sevilla. De hecho, y doy fe, ha estado inundada ininterrumpidamente entre noviembre y abril, nada menos. Vale que ha sido un invierno más lluvioso de lo habitual, pero aquello retiene agua porque está mal hecho y punto. Las imágenes que acompañan son del 18 de agosto, un día después de las intensas lluvias recogidas en la capital. El hueco es el que dejó mi coche, que estaba cuando llegué porque había que atreverse a aparcar ahí a sabiendas de que el pie acabaría de agua hasta los tobillos. En fin. El alcade está a punto de finalizar nada menos que doce años de gestión y sigue como al principio: proyectos modernos (que gusten es otra cosa) y acabados antiguos.

1 comentario:

  1. Eso por lo hablar de la falta de visibilidad en las incorporaciones

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