martes, 29 de enero de 2013

Lipasam: un asco de huelga


Me enseñaron de pequeñito que no es más limpio el que más limpia sino el que menos ensucia. Básicamente porque cumplir lo segundo ayuda a racionalizar lo primero. Esto es aplicable hasta para el último de los sevillanos (lo digo en serio, sobre todo para los que dejan el modelado mojonil en la acera), porque convengamos en que no vivimos en la ciudad más cuidada del mundo y que supone un gran esfuerzo común mantener Sevilla limpia. Esfuerzo humano y económico. Que ensuciando menos está todo más limpio lo debería entender cualquier persona que se digne de serlo (aunque no lo parezca, desde luego). Dicho lo cual, para reconocimiento de tan respetable colectivo, hablemos de la huelga de los trabajadores de Lipasam.

Detalle de la Plaza Nueva durante la protesta de trabajadores de Lipasam. / Foto: Antonio Pizarro


Por delante, el respeto a la defensa de sus derechos laborales, como los de cualquier otro colectivo, sector o empresa. Ni más, ni menos. La diferencia es que siendo una empresa pública sus miembros tienen una responsabilidad añadida con la ciudadanía, equiparable a la estabilidad laboral de la que gozan. Lo que quiero decir con esto es que descalifica por completo a todos los trabajadores de Lipasam que durante las marchas de protesta por la pretensión municipal de revisar a la baja sus ventajas laborales llenen las calles de suciedad.

Se mire por donde se mire no hay por dónde cogerlo.

No me voy a parar en la reducción salarial, ni en la ampliación de jornada, ni en las escalas salariales, pluses y demás. Es posible que tengan razón y que el gerente (o su jefe Zoido) no estén cumpliendo algo de lo pactado. Eso es un tema interno de la empresa y de la empresa con el patrón (el Ayuntamiento). Humildemente creo que no la queja, aunque pudiera ser legítima, debe moderarse.

Igual que a un cliente se le debe responder con eficacia en una empresa privada aunque los empleados estén con el agua al cuello entiendo que Lipasam debe cumplir su función con independencia de que los trabajadores estén negociando lo que consideren. Es la única forma de preservar los servicios básicos. Cualquier opción como la que están llevando a cabo genera rechazo social y carga de razones a quienes quieren acabar con el carácter público de las empresas municipales. Lo de los privilegios es una cuestión de lógica aritmética: no hay dinero. Si no se recortan los gastos cabe el riesgo de tener que cerrar el chiringuito.

De veras que lo siento pero en esto reconozco que soy poco flexible. No confundir el derecho a la huelga con el hecho de ensuciar. Ensucian los ciudadanos guarros (que en todas partes del mundo hay), no los profesionales de la limpieza.

PD: Aprovecho para dejarle un recado al gerente de la empresa, Francisco José Juan Rodríguez. Mire, vivo en una calle pequeña pero con una densidad de población considerable. Apenas seis bloques pero 200 viviendas, más dos bares, una clínica veterinaria y un consultorio privado. O sea, mucha gente. Dos contenedores de basura (muy modernos, con pedal y todo, pero dos) para todo eso desde luego no parece un ejemplo de gestión. Vaya que no.

PD2: Una manifestación de protesta ha pasado este martes por la sede de Diario de Sevilla. Resultado: gran pitada, insultos, algún petardo y mucha suciedad por toda la calle Rioja. Debe ser el premio por publicar cosas que no gustan como esto. Si la información es falsa, al juzgado. Y si no, pues...

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