La cobertura de la Semana Santa ha cambiado por completo en lo que
llevamos de década. El mundo digital ha favorecido una intensa
información de todo lo que ocurre, pero con sus peajes. No podía ser de
otra forma. Episodios desagradables y escenas curiosas tienden a
magnificarse por el reflejo gráfico de las mismas, cuando cualquier año
los hay parecidos o más abundantes. No los veíamos con tanta facilidad, pero la mayoría de las cosas que ahora nos aterran no han aparecido de repente, tienen su recorrido. El vídeo de @7vueltas (¿cómo puede alguien imaginar que es un montaje?) no deja de ser una anécdota (berlanguiana, qué duda cabe) de la cual difícilmente tendríamos noticia sin el devenir tecnológico.